Llegó la hora de irse, ambos nos quedamos con ese sabor agridulce, ese que sólo se presenta en ciertas ocasiones. El ''chófer'' puso rumbo a esas 4 paredes en las que vivías, mientras tanto yo te miraba y alternaba el color de tus ojos con las luces de los coches de la carretera y pensaba: 'con las luces de tus ojos encendidas, no habrá quién se duerma'.
Y menos aún si horas antes nos devorábamos con la mirada cada vez que nos cruzábamos, que no fueron pocas aquella tarde.
¿Amor no correspondido, como tú decías? Nunca lo sabremos. O tal vez sí. Quién sabe.
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